Esta colección que ya llega a su fin ha tratado de recordar poetas olvidados, pero de ellos sabíamos al menos el dato de su origen. Han sido reunidos geográficamente y recordados en anteriores volúmenes. Y era obligado tener en cuenta también a los más olvidados de los olvidados: los que desconocemos su procedencia. Afortunadamente su nombre y su obra han persistido y aquí están.
Publicar esta colección no pretende mostrar una erudición que no poseo, no soy ningún experto en poesía, literatura o historia de al-Andalus. Solo soy un humilde contemplador de la belleza de este periodo que nos marcó como pueblo. Amante de la caligrafía, de la música y de las huellas monumentales que nos dejó.
Estos libros son solo un pretexto para dar a conocer mi trabajo caligráfico, que ha sido el destino al que me ha llevado una vida dedicada al diseño gráfico, en la que afortunadamente logré mi propósito de trabajar en el ámbito de la cultura y especializarme en edición en lengua árabe y diseño de tipografías árabes.
El otro propósito es dar a conocer la belleza de los poemas que compusieron los andaluces de este periodo que algunos amamos y otros se ocupan en obviar. Estos versos forman parte de nuestro patrimonio; discontinuado. Pero que ahora vuelve a florecer ante tus ojos, lee pues, que esto es alimento con «denominación de origen»: el de esta península que durante tiempos fue al-Andalus.
Hay olvidos que son justicia y olvidos que son simple incuria. Los hay también inevitables, fruto del tiempo que todo lo arrastra, y los hay que parecen dictados por el desdén. Pero existe una cuarta forma del olvido, la más radical y quizá la más humana: aquella en la que ni siquiera sabemos a quién olvidamos.
Estas páginas reúnen a quienes la historia no ha querido situar. De ellos sabemos quizás algún verso, a veces su nombre, y rara vez algún dato más. Pero de dónde vinieron, o qué tierra besaron al nacer, es memoria perdida para siempre.
Es el olvido como una derrota, una página en blanco que acusa nuestra negligencia. Pero en este libro se convierte en una forma misteriosa de hermandad: al ignorar su origen, estos poetas nos pertenecen por igual. Son solo de al-Andalus, esa patria fluida e imprecisa que de territorio paso a ser una herida hermosa.
Conservar lo que llega sin filiación es un acto de confianza. No sabemos quiénes fueron, pero sabemos lo que cantaron. Nos basta. Eso es ya una forma de inmortalidad, la que no necesita certificado de nacimiento.
Que este libro sea su epitafio leve. Y también, por qué no, su resurrección.
Elena Fernández Alfarache
es poeta
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